miércoles, 27 de agosto de 2014

"Es así"

Robe, no sé qué hacer con la muerte. Cuando chica era fácil escaparse de los funerales con excusas de dudosos dolores de estómago y resfríos pasajeros. Era fácil, también, crear destinos fantásticos de mis abuelos que explicaban por qué no los vería más. En mis historias escritas los veía en una isla lejana, imposible de acceder por mar o tierra, bebiendo sin aburrimiento un vaso tras otro de piña colada. Mis imágenes coloridas contenían cualquier signo de tristeza, que poco a poco se iba evaporando a medida que el tiempo pasaba. Pero, ya ves, así es el curso natural de las cosas: cuando pequeños y no tan pequeños despedimos a nuestros abuelos, incluso a nuestros padres. Entonces debo reformular mi oración: Robe, no sé qué hacer con tu muerte. Crecer también implica comenzar a ver, a poner su nombre a cada cosa. Y ahora entiendo qué significa morir, tal vez demasiado bien. El año pasado perdí a una amiga querida y hoy debo despedirte a ti, personas con la que esperaba compartir por años distintas victorias y fracasos. 
Llegué a la Literatura Infantil Juvenil casi por error, perdida en el universo sin saber qué seminario tomar, como bien relaté hace un tiempo atrás. Gracias a tu máxima convicción, fuimos el primer seminario de Literatura Infantil de la Facultad de Letras, con todas las dificultades que eso implicó. Era casi predecible determinar la reacción de la gente cuando preguntaban sobre nuestro tema de trabajo: "Qué tierno". Sabíamos la importancia de estudiar este tipo de textos y materiales desde la perspectiva de la Literatura, a ratos olvidada entre las exigencias de la escuela. Poco a poco empezamos a hablar de intertextualidad o metaficción, y los libros "bonitos" comenzaron a plagarse de matices y niveles de análisis. Leímos más sobre arte para entender cómo se mezclaba y revolvía con la literatura en un juego siempre movedizo y cambiante.
Ayer lo escuché un par de veces y estoy de acuerdo: la mejor parte era escucharte leer los cuentos. En ese oficio de contar historias no hay nadie como tú. De pronto todos los personajes nacían, y era inevitable explotar a carcajadas al imaginarnos el gato con sueño de Kitamura o al ingenuo lobo de Una Caperucita Roja. Aún recuerdo cuando fuimos a la Biblioteca de Santiago y no sabíamos qué hacer rodeados de tantos libros desconocidos, deseosos por ser leídos. Ahí empezó mi amor por la obra de la ilustradora Isol, cuando nos mostraste por primera vez "El globo" y  "Tener un patito es útil". Podíamos palpar esa misma emoción en las personas, fueran pequeños, jóvenes o adultos, cada vez que leíamos un nuevo libro. Lo sentimos también cuando partimos en grupo a presentar a un congreso de Literatura a Colombia, y fuimos la única mesa de Literatura Infantil. De pronto teníamos algo especial entre las manos y era nuestra misión mostrarlo al mundo.       
Los libros siempre han sido una forma de refugio, y el lunes, cuando supe de tu partida, no fue la excepción. Lo primero que hice fue abrir libros infantiles, la mayoría de los cuales conocí por ti. Sentí la nostalgia del pequeño protagonista de "Mi abuelo Carmelo" cuando recuerda las palabras de su abuelo: "Las golondrinas viajan tanto que han aprendido el lenguaje de las nubes". Me senté a mirar al cielo y a escuchar atentamente las noticias de los pájaros. Noté el cambio de algunos valientes árboles, antes con sus ramas desnudas, ahora con flores frondosas. Falta poco para la primavera, Robe. Es como aquella frase que he utilizado sin descanso del libro de Paloma Valdivia, "Es así": "Es así / como la primavera sigue al invierno, / unos llegan y otros se van". Me da consuelo escuchar esa cita en distintos momentos, sobretodo ahora. El paso de las estaciones, el día y la noche, la vida y la muerte, eso es todo. Un traslado perpetuo de un lado a otro. Pero es difícil no buscar justicia en todo esto: pedir explicaciones a quién corresponda y decirle cómo deberían ser las cosas, para que las despedidas no ocurran a destiempo. Me gustaría creer que la Muerte te habló al oído por algunos días, como lo hizo con aquel adorable personaje de "El pato y la muerte"; que te cuidó y dio calor cuando fue necesario, para luego dejarte ir. Nosotros nos quedamos acá, atemorizados de cómo será nuestro mundo sin una persona como tú, pero le prometimos a la Javi, tu gran amor, que íbamos a estar bien. Que en vez de sentir la falta con cada camiseta de la U que se nos cruce por la calle, vamos a sonreír. Comenzaremos a inventar historias sobre poderosos hombres deportistas que corrían 25 kilómetros sin mayores dolores ni consecuencias los días siguientes. Pensaremos en olvidar el negro, para reemplazarlo por diversos pantalones de colores y así lucir tu elegancia suprema. Te haremos pequeños homenajes cada vez que leamos un libro a otra persona, porque todos quienes te conocimos guardamos algo de ti. Viaja tranquilo, Robe, estaremos observando el lenguaje de las nubes en búsqueda de cualquier mensaje. Estaremos atentos.  

miércoles, 26 de febrero de 2014

"La Ola" de Suzy Lee

La primera vez que me encontré con un libro de Suzy Lee fue en la librería gigantesca del Fondo de Cultura Económica en la ciudad de Bogotá. El libro era "El pájaro negro", historia contada desde la perspectiva de una niña, quien se escapa de los problemas de su casa volando arriba de un pájaro negro. Las ilustraciones, hechas en su totalidad en carboncillo, me transmitieron una expresividad que reflejaba el estado oscuro de la niña protagonista. A partir de ahí busqué otras historias de Suzy Lee, y dí con "Espejo", "Sombras" y "La Ola" (Barbara Fiore Editora), de la cual haré una breve reseña. 
Ya desde la tapa del libro vemos los elementos fundamentales de una historia sin palabras que podemos resumir como el encuentro entre una niña y el mar en un viaje a la playa. Es imposible no sentir una familiaridad al leer esta historia. Recuerdo perfectamente la primera vez que vi el mar y la curiosidad que sentí al observarlo. Jugué incontables veces corriendo del agua, para que no me tocara, hasta que eventualmente me alcanzaba. A mi modo de ver, todas estas memorias de infancia están sintetizadas en este libro. 
En cuanto al formato, es alargado, rectangular, y la autora hace uso de este espacio para relatar los distintos momentos del encuentro entre la niña y el mar. En la hoja izquierda está el lugar de la niña, quien es acompañada la mayoría del tiempo por gaviotas, personajes hechos por ilustraciones en carboncillo, sello característico de la autora, con un trazo suelto y, a falta de un mejor adjetivo, "despreocupado". En la hoja derecha, en tanto, se encuentra el mar, y sus movedizas olas ilustradas con acuarela color celeste, material ideal para dar el efecto propio del agua. Las hojas del libro sirven para dar cuenta del diálogo que se establece a medida que transcurre la historia. 
En las guardas del libro, vemos a la niña corriendo emocionada, con su mamá detrás de ella. Así, en la primera parte, la niña mira curiosa el movimiento del mar, que también se encuentra replegado. Las olas, sin embargo, tratan de alcanzarla y ella, aunque asustada, logra huir y le gruñe al mar, demostrándole que no le tiene miedo. Lo observa con detención, sentada, con un grupo de gaviotas obedientes detrás de ella, hasta que intenta acercarse. Primero la punta miedosa de un pie, hasta que se entusiasma y comienza a jugar con el agua. La hermosura de la imagen está dada por la explosión de alegría que transmite, y también por la mezcla entre los dos materiales de ilustración: el carboncillo y la movediza acuarela. El agua explota por todos lados, y tanto las gaviotas como la niña se encuentran sumidas en ella. La niña se detiene cuando se percata que una gran ola comienza a formarse, y en un momento cree haber huido, por lo que le saca la lengua, sintiéndose victoriosa. La ola revienta arriba de ella, sin clemencia alguna. La ilustración invade las dos hojas, que se encuentran salpicadas por todos lados por acuarela celeste. Luego, el cielo se vuelve celeste, y la niña, aunque desorientada por el agua, de pronto encuentra un tesoro de conchitas de mar que empieza a recolectar. Llama a su madre para mostrarle lo que ha encontrado (cuando yo era chica me llevaba millones de conchitas de distintas formas y tamaños que luego, misteriosamente, desaparecían de mi pieza), y ella le dice que es hora de partir. La niña vuelve a encontrarse con el mar, y a medida que camina se despide de un mar gigantesco que invade el espacio del libro. A lo lejos, vemos volar a las gaviotas, compañeras momentáneas de la niña.
Creo que este tipo de libros nos muestran distintas situaciones que están sucediendo en la literatura infantil. Las palabras, poco a poco, son dejadas de lado, y cuando son utilizadas es únicamente para dar matices específicos que la imagen no puede expresar. A pesar de esto, vemos muchos libros en los que la imagen alcanza una profundidad de significado que hace innecesaria la intromisión del lenguaje escrito, y la historia es comprensible a todo público. El estilo de la ilustración, además, logra una emotividad que va mucho más allá de cualquier tipo de oración. Producto de esto, creo que nos hace falta tener mayores herramientas provenientes del arte o el diseño para entender mejor lo presentado por la imagen. Algunos han hablado de "alfabetización visual", pero me parece algo reduccionista homologar el lenguaje verbal a la imagen. ¿Para qué buscar el "verbo" en una imagen? Asimismo, el nivel artístico de "La Ola" me hace cuestionar las categorías entre literatura para niños y literatura para adultos. Lo único formal que inserta a esta obra en la categoría de infantil es que la historia se realiza en base a la perspectiva de una niña, pero el resto de los elementos que la componen la convierten en una verdadera obra de arte; tensión que se hace incluso más evidente con otros libros de Suzy Lee. Si quieren buscar el libro, lo encontré en la librería Prosa y Política, donde traen muchos otros de Barbara Fiore Editora.        

jueves, 30 de enero de 2014

"Los pájaros" de Germano Zullo y Albertine

Debo partir diciendo que este es uno de mis libros álbum preferidos. Lo encontré hace unos meses atrás en la librería Baobab, que queda en Barrio Italia y me vi en la obligación de comprarlo. La historia es simple: un hombre tiene la misión de dejar unos pájaros en libertad. Abre las puertas de su camión y éstos salen volando lejos, hasta que se percata que uno pequeño se quedó adentro e intenta que vuele como los demás. El hombre comparte con el pequeño pájaro y hace lo posible por enseñarle a volar. Y, de pronto, lo logra. El pájaro vuela lejos, y él lo observa feliz en la lejanía. Se sube a su camión, con la sensación de haber logrado su objetivo, y como lectores intuimos que el hombre seguirá su camino y los pájaros el suyo. Pero no. Un par de cuadros después, el pequeño pájaro retorna, y así el resto de la bandada, quienes toman al hombre y vuelan con él. Nuestra última imagen es la del pequeñuelo, sosteniendo al hombre mientras éste abre los brazos para sentir que está volando.
La forma en que este cuento esta narrado es simplemente hermosa. Al igual que muchos libros álbum, toma elementos del lenguaje cinematográfico para dar cuenta de la secuencia de acciones que se van sucediendo. Las dos hojas alargadas a veces son utilizadas para mostrar un gran cuadro en la lejanía, y en otras la cámara se acerca y cada hoja despliega una acción concreta del hombre, por ejemplo, cuando le enseña a volar. El cuento parte con un desierto amarillo, y un cielo celeste que usa todo el espacio, y al centro un pequeño camino por donde el camión se va acercando cada vez más a medida que damos vueltas las páginas. La imagen es el recurso primordial para expresar la narración, ya que las palabras han sido dejadas para unas cuantas partes de la historia. Los textos señalan lo justo y lo necesario para complementar lo narrado por las ilustraciones. Encontramos el siguiente texto: "Algunos días son diferentes", y luego, unos cuadros más allá, "Días que podrían ser parecidos a los demás", "Y sin embargo poseen algo que los otros no tienen". El uso del color contribuye a formar esta calidez: el celeste y el amarillo (¿será un color más mostaza, quizás?) son los colores primordiales, y el camión rojo del hombre parece habitar en armonía en ese entorno. Así, los pájaros de colores diversos llenan las páginas y hacen resaltar el color negro del pequeño pájaro, actor relevante de la historia.
El otro día pensaba por qué me gustaba tanto esta historia, porque fácilmente podía caer en muchos clichés o lugares comunes de libros de auto-ayuda, del tipo: "busquemos la felicidad en las cosas sencillas". Este blog no tiene ningún problema con los libros de auto-ayuda, hay gente a la que les resultan sumamente útiles. Pero en este caso concreto, los recursos estéticos dispuestos en la historia son de un nivel tan superior, que la historia va muchos más allá del enunciado y, de alguna forma, te conmueve. Me parece, al fin, que no es un libro pretencioso, sólo busca dar cuenta de la importancia de contemplar la belleza en todos sus formatos, a veces inadvertida. Y creo que aprender a leer y a interpretar, también tiene que ver con ser espectadores de esa belleza, y apreciarla como tal.      

martes, 14 de enero de 2014

"Un cuento de Oso" - Anthony Browne

En los últimos años se ha producido una discusión importante dentro del campo de la literatura infantil y juvenil sobre la funcionalidad de los libros para niños y jóvenes. Podemos identificar dos posturas más o menos marcadas: por un lado, quienes aseguran que mediante los libros podemos desarrollar destrezas y habilidades para la vida, principalmente, mediante el aprendizaje de valores. La literatura vendría a representar momentos críticos en los cuales se desplegarían valores relevantes como la solidaridad o el respeto. A partir de esto, el niño o niña aprendería a identificar esos momentos y, de alguna manera, solucionarlos de una forma "adecuada". Las críticas ante este enfoque han sido variadas, y se relacionan, ante todo, con la normatividad que imponen frente al comportamiento humano. Por otro lado, encontramos a estudiosos como Teresa Colomer, quienes atribuyen múltiples funciones a la LIJ, pero desde el punto de vista de la estética. Leer literatura es sumergirse en el lenguaje. Al leer relacionamos una multiplicidad de referentes que forman parte de nuestra cultura y se van retroalimentando entre ellos. Al establecer estos nexos podemos interpretar, y así, aprendemos a jugar con las palabras. En los libros aprendemos algo tan básico y espontáneo como contar historias, al encontrar en ellos formas básicas de relatos que luego iremos complejizando. 
Es algo evidente que me siento identificada con la segunda postura, aunque es difícil ser constante con ella. El lugar privilegiado de los libros infantiles ha sido la escuela: espacio por excelencia de socialización y formación, por lo que hablar del uso o la finalidad de los libros es buscado constantemente para "enseñar" valores o "enseñar" distintos objetivos de aprendizaje. Considero, sin embargo, que podemos elaborar opciones para ir alejándonos poco a poco de esta perspectiva. Podemos encontrar buenos libros que cumplan estos propósitos, que no necesariamente son literatura. Quizás se podría destinar un momento de la clase para que cada niño o niña lea lo que quiera sin necesidad de ser evaluado por ello, algo muy parecido a lo que busca el programa de Lectura Silenciosa de Mabel Condemarín. O tal vez la opción sea aceptar el lugar de la literatura infantil y juvenil en la escuela, pero ampliar los espacios en los que leer no tenga mayores obligaciones, como el hogar. Y ahí se nos abren otras necesidades como, por ejemplo, acercar a las familias a las bibliotecas, o que las bibliotecas salgan a la calle. La labor de la escuela en la difusión de libros infantiles y juveniles ha sido excepcional, pero es necesario modificar la relación que históricamente se ha establecido con ellos, para ir transitando de la evaluación o el número de palabras leídas por minuto al disfrute de la misma. Ciertamente, este no es un tema acabado, ya que apelar a una relación con los libros desde el disfrute parece ir en contra de la educación que vemos mayormente hoy, centrada en estándares.

Mi plan era hacer una introducción corta, para poder hablar de un libro para niños y niñas pequeñas (yo diría desde los 3 años en adelante), llamado "Un cuento de Oso" de Anthony Browne, pero no lo logré. Les diré entonces los aspectos principales de este libro. Quienes han leído al autor saben la exigencia que demanda al lector, al establecer múltiples relaciones con otros textos. A pesar de la edad de los lectores, este libro no es la excepción. 
Si leemos una vez el cuento, nos topamos con un oso pequeño caminando por el bosque, que en su trayecto se va encontrando con distintos personajes que podemos identificar como clásicos antagonistas dentro de la literatura infantil. El lobo de la Caperucita Roja, por ejemplo, es de los primeros que vienen a atormentar al pequeño Oso, pero él ni siquiera se ve turbado ante su presencia. ¿Cómo sabemos que ese lobo es el lobo de la Caperucita Roja? Simplemente lo sabemos. Es parte de nuestra cultura. Lo mismo sucede con los otros personajes que aparecen. El Oso pequeño no tiene temor porque cuenta con un lápiz que le permite dibujar en la historia lo que él quiera. El lobo se sorprende cuando ve al frente suyo un chancho enojado, y así, el Osito sigue su camino. En un primer nivel, podemos decir que en este texto hay una forma clásica de relato tipo secuencia que encontramos en múltiples cuentos (un clásico por siempre: "Camilón Comilón"): un personaje principal se encuentra con distintos personajes secundarios, quienes pueden entregarle información a nuestro protagonista o causarle dificultades que deberá resolver.       
No obstante, si leemos una segunda y tercera vez, nos vamos encontrando con múltiples niveles dentro del texto. Podríamos decir, de hecho, que es un libro de 17 páginas absolutamente metaficcional, es decir, que habla sobre la literatura y la construcción de historias. El Osito lleva consigo un lápiz: él es el autor encargado de crear la historia y modificarla a su gusto, y lo percibimos en la portada del libro cuando vemos al Oso terminando de escribir el título con su lápiz. Esto se asemeja mucho con la idea de juego que había dicho previamente: interpretar es jugar con las palabras y los referentes dentro del libro. A medida que vemos las ilustraciones con detención, encontramos escondidos de forma sutil pequeños signos icónicos de otras historias de la literatura infantil. En la portada, al fondo del bosque, la casa de Hansel y Gretel. Cuando el Osito se topa con el lobo vemos la capa de Caperucita Roja entre medio de los árboles. En otras páginas, nos topamos a un costado del camino con la manzana de Blancanieves, y así sucesivamente. Hay una dosis de humor en la historia que es evidente: cuando el Osito se encuentra con los tres Osos enojados de "Ricitos de Oro", él les hace un picnic en la naturaleza, y entre medio de los alimentos dibujados por el Osito encontramos los tres platos de avena, que dejan dichosos a los Osos. Si no relacionamos estos signos con sus historias en cuestión, ciertamente el argumento no se modifica, pero al lograr reconocerlas la lectura se enriquece. Diría, entonces, que el acto creador del Oso pequeño refleja el acto mismo de leer, en tanto podemos incorporar las historias canónicas de la literatura y modificarlas como queramos, como si fuéramos participantes de una juego. El Oso no le teme a los antagonistas que se le presentan, porque tiene de su lado al artificio de la literatura.

jueves, 25 de julio de 2013

"Los tres osos" de Anthony Browne

Uno de los motivos por los que disfruto tanto de los libros álbum, tiene que ver con la libertad que cuentan los autores. Tal como hemos hablado anteriormente, esta manifestación condensa una amplitud de géneros discursivos, dentro de los cuales el lenguaje cinematográfico cumple una función importante (para leer más al respecto, vaya al reportaje de Roberto Cabrera sobre cine y libro álbum (p. 79) en Revista Había una vez). Quise volver a escribir contándoles sobre "Los tres osos" de Anthony Browne porque el lenguaje cinematográfico está muy presente y condensa elementos representativos del libro álbum actual. 
Todos conocemos la historia de "Los tres osos". Es una obra que forma parte del canon dentro de la literatura infantil. La primera pregunta es, entonces, ¿por qué Anthony Browne, uno de los principales exponentes de la literatura infantil actual, tomaría este texto? Se podría pensar que la historia es una limitación para el autor, ya que no cuenta con la flexibilidad en el argumento que sí posee al escribir sus libros. Sin embargo, poco a poco nos damos cuenta que Browne da un vuelco que termina transformando la historia, sin luchar con la tradición. El autor no destruye el canon, lo reinventa. Comenzamos a entender esto cuando vemos la portada de la obra: en un primer plano está la familia de osos con un tipo de ilustración típica de los libros para niños: dibujos sin mucha complejidad, colores brillantes (principalmente, el amarillo), trazo simple con muchas curvas. Sin embargo, si nos fijamos con detención, atrás de ellos vemos un edificio oscuro, lleno de sombras, con líneas rectas y a un costado una niña con capucha camina cabizbaja. Esta oposición de la portada nos indica lo que se desarrollará posteriormente en la historia.
Cuando abrimos el libro, vemos que en la página derecha está el espacio de la literatura infantil tradicional, con las características en la ilustración que dijimos previamente, pero también con una relación entre el texto y la imagen centrada en lo que se conoce como vasallaje: la imagen acompaña al texto. El texto tiene un referente idéntico en la imagen, por lo que ésta última se corresponde con las descripciones. Así, la primera ilustración es una casa en la que se encuentra un oso, y el texto es "Ésta es nuestra casa". Al contrario, la página izquierda es el lugar del juego con el lector. En vez de un plano que usa toda la página, como en el caso de las ilustraciones para los osos, acá se presentan cuatro imágenes en secuencia. 
Al hacer uso del lenguaje cinematográfico, el autor le muestra al lector las acciones de los personajes en un espacio de tiempo más extendido que no requiere de texto. Las secuencias de imágenes en blanco y negro se encargan de narrar. El escenario en el cual se cuenta la historia de la niña no parece un mundo maravilloso, tal como sucede en el relato de los osos. La niña sale de la casa con su madre, y camina en una ciudad oscura, con pasajes estrechos, llena de ladrillos y edificios. Ricitos de Oro, tan famosa en la obra canónica por su pelo rubio y ultra femenina, aparece con jeans y un polerón negro con capucha que, justamente, esconde la mayor parte de su pelo que parece ser lo único con color dentro del cuadro. 
La ilustración de los osos se mantiene en una dimensión. En la página donde transcurre la historia de la niña, los cuadros se asemejan a una cámara que a ratos se aleja y nos permite tener una perspectiva más amplia de la ciudad, y en otros se acerca a la cara asustada de la citadina Ricitos de Oro. Browne hace uso de múltiples recursos en este espacio: juega con las sombras y presenta, escondidas, imágenes de distintos personajes de la literatura infantil. 
Una de las partes más interesantes de la obra sucede cuando Ricitos de Oro encuentra la casa de los osos, donde el color amarillo se inmiscuye en la imagen. Acompañamos a la niña en su recorrido, como si estuviéramos detrás de ella. Se saca la capucha, y vemos su pelo cuando se sienta en la mesa a comer los platos de avena, y la seguimos en su trayecto por la casa, probando las sillas de los osos o sus camas. 
En dos ocasiones Browne decide usar sólo una imagen que ocupa toda la página de Ricitos de Oro: cuando ella duerme, y cuando se encuentra cara a cara con los osos. Esta última escena es crucial en la obra al hacer ver al lector las perspectivas. Como si hubiese una cámara detrás de los personajes, en el relato de la niña vemos frente a nosotros a los osos, quienes han perdido toda su ternura al ser dibujados en blanco y negro. Los padres osos nos observan, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Lo mismo sucede en la otra página: una cámara se encuentra detrás de la familia de osos y vemos a Ricitos de Oro asustada en formato de literatura infantil tradicional. Al salir corriendo de la casa, vuelve el blanco y negro, y la niña retoma su postura sombría y con capucha, acompañada por los graffitis que adornan la ciudad. Ricitos de Oro lucha con el frío, el viento y la lluvia, hasta que finalmente, el relato contemporáneo se apodera de la página derecha cuando una luz alumbra a la niña, y corre sin parar a los brazos de su madre. La oscuridad y las sombras dan paso a la luz que alumbra a ambos personajes.
"Los tres osos" da cuenta de la metaficcionalidad que ha pasado a formar parte de muchos libros álbum. Browne presenta una mirada contemporánea sin cambiar el argumento de la obra: aquello modificado es su materialidad. Muestra dos lenguajes que co-existen en el sistema literario, y los hace dialogar entre ellos. La forma mediante la cual la historia es narrada se transforma, y así también se posibilitan nuevas interpretaciones.   

viernes, 3 de mayo de 2013

Érase una vez un espacio - Marta Carrasco


El año pasado hice mi práctica de Psicología Educacional en el CRA (Centro de Recursos para el aprendizaje) del Ministerio de Educación. Aprendí mucho sobe fomento lector, y al mismo tiempo, conocí libros que de otra manera no habría leído. La oficina del CRA tiene una biblioteca increíble, y en ciertos momentos del día me escapaba algunos minutos para ver las novedades en literatura infantil juvenil que llegaban (Un saludo para Fernando, el bibliotecario del CRA). Dentro de los libros que leí, se encuentra uno de Marta Carrasco para Editorial Amanuta (tengo que escribir un post sobre esta editorial eventualmente) llamado "Érase una vez un espacio". En general la autora suele escribir sobre el encuentro de sujetos que provienen de lugares distintos y, aparentemente, irreconciliables. Este es el caso de "La otra orilla" (Ediciones Ekaré Sur): los habitantes de dos poblados no se hablan y entre ellos los divide un río. Sin embargo, una niña se encuentra con un niño del otro poblado, y comienzan a hablar. Los discursos que habían escuchado de sus familiares, de pronto, pierden sentido y se hacen amigos. 


Algo similar sucede con "Érase una vez un espacio". De partida, el título siempre me ha intrigado, pero esto es algo que podemos discutir después. Haciendo uso del formato del libro, la autora asigna un lugar determinado (la hoja izquierda) para el hombre azul, y la derecha para el hombre de amarillo. Así, ambos personajes deciden marcar su territorio, y se observan desde la lejanía con desconfianza. Incapaz de mantener su cuadrado, el Señor Azul busca invadir el territorio del Señor Amarillo y ahí empieza una larga discusión. El Señor Azul empuja sus límites. El Señor Azul, luego, se sienta sobre el Señor Amarillo, quedando reducido a un rincón de las páginas, hasta que finalmente cae al vacío. Ambos señores quedan adoloridos, y comienzan a reparar las dañadas líneas que demarcaban sus respectivos territorios. La familia del Señor Amarillo se enfrenta a la familia del Señor Azul. Pero en medio de la discusión de los adultos, los niños se juntan al centro, traspasando las líneas y comienzan a jugar. Al mezclarse, se tornan color verde, y después rojo. Los adultos, intrigados, se suman al globo de colores, y de pronto las divisiones previas dejan de existir. Al final del libro hay una invitación: "Aquí hay un espacio. ¿A quién piensas invitar tú, para que juntos lo compartan y lo lleven, cada uno con sus colores?"


No quiero decir que este libro fomenta la diversidad o el respeto por el otro. Más que eso, me interesa cómo se traduce un problema clásico de cualquier disciplina que se encuentre dentro de las humanidades, respecto a cómo conocemos y nos aproximamos al otro, desde una perspectiva de la literatura infantil. Pueden decir que la intención de la autora es esperanzadora, o quizás demasiado inocente, porque nuestra historia está plagada de conflictos entre unos y otros. Pero creo firmemente en esa confianza casi ciega que Marta Carrasco tenía sobre los niños y niñas. Los adultos son quienes tienen discusiones, prejuicios y creencias respecto al actuar del otro desconocido, los niños no. En este sentido, me parece valioso recomendar este tipo de literatura para niños y adultos (tal como es el espíritu de este blog), que nos incita a ver cómo habitamos los distintos espacios. Puede ser que la metáfora de las divisiones sea algo evidente, o la idea de la combinación de los colores la veamos en múltiples libros, pero la manera en que los recursos literarios y pictóricos son usados en la historia hacen la diferencia.

sábado, 13 de abril de 2013

Sobre el libro álbum

Al fin puedo sentarme y escribir el post sobre libro álbum o picture books que quería escribir hace semanas. Me prometí a mi misma que no iba a sacar la vuelta de este blog (que hice cuando estaba sacando la vuelta), y la verdad mi falta de neuronas se debe a que en un mes (o menos, esto de no tener fecha es demasiada incertidumbre) doy mi examen de título. Como sea, si estamos hablando sobre literatura infantil, no podemos dejar de lado a nuestro querido libro álbum. Uno de los grandes protagonistas actualmente en el campo literario. 
Es interesante discutir sobre el libro álbum, porque su falta de estructura es tal, que nadie sabe muy bien a qué nos referimos cuando hablamos de libro álbum. Lo único que tenemos claro, es que es una manifestación propia de la postmodernidad, con una “tendencia camaleónica” (Silva-Díaz 36) producto de la heterogeneidad formal y de usos. La definición respecto al libro álbum y sus límites, además de sus modos de producción, los recursos y estilos que lo constituyen, aún son ámbitos difusos, producto del constante dinamismo e innovación del contenido y la forma de sus manifestaciones. De acuerdo a Silva-Díaz, “el álbum ha incorporado y combinado diferentes géneros literarios” (37), pues su condición “omnívora” lo ha llevado a asimilar aspectos temáticos y narrativos de una multiplicidad de géneros discursivos. 

Cuando hablamos de la relación entre texto e imagen, cada sistema semiótico puede cumplir diversas funciones. Rosero apunta a cinco formas de caracterizar esta relación: el vasallaje, la clarificación, la simbiosis, la ficción y la taxonomía. En el caso del libro álbum, nos referimos específicamente a una simbiosis, “donde la imagen y el texto adquieren un nivel de significación que se activa con la relación de ambos lenguajes” (Rosero 1). Tanto el texto como la imagen son complementarios y brindan información relevante para construir un sentido en la obra. Cuando extraemos alguno de los dos elementos, la narración se derrumba. “La imagen juega el papel de ser también la narración, así el texto escrito complementa lo que la imagen no presenta o viceversa, y la relación se convierte en un contrapunteo de lenguaje” (Rosero 8). 
En lo que respecto a los aspectos formales, el libro álbum se caracteriza por darle mucha importancia al soporte de la obra, que añade significado adicional al relato. La ilustración ocupa casi la totalidad de la hoja, y los textos son simplificados al máximo, y reducidos a un par de frases por hojas, para condensar al máximo su significado. Tal como plantea Colomer: “Las obras de la literatura infantil y juvenil deben ser valoradas como un conjunto en el que el texto puede actuar en complicidad con la ilustración y los elementos materiales que configuran el texto” (Introducción 173). 
La imagen es central en el libro álbum, no obstante, aún no hay claridad respecto a la manera en que el lector aborda las imágenes en este tipo de manifestaciones. Se puede decir que poseen un mensaje, y lo transmiten, pero es necesario que un receptor sepa interpretarlo para entender a cabalidad su uso y la función específica que cumple la imagen en un contexto determinado. Ciertamente, la imagen no debe homologarse al sistema de las palabras, pero sí debe ser entendida como un sistema semiótico que tiene la finalidad de comunicar, y transmitir múltiples interpretaciones. 
Un aspecto del cual se nutren los autores tiene que ver con que rara vez una imagen es absolutamente nueva, porque en general detrás de ella confluyen muchas imágenes que han servido de referencia. El autor es capaz de dialogar con ellas, o cuestionarlas, imitarlas, parodiarlas, entre otras posibilidades. “Una importante herramienta de lectura de la imagen tiene que ver con reconocer el universo iconográfico con el cual la imagen leída se relaciona o se opone, y de qué manera responde o reacciona a patrones visuales anteriores” (CRA 22). En este sentido, cuando se habla de doble codificación, es importante comprender la relación sinérgica que se establece entre el texto y la imagen, donde ambos agentes combinados tienen un efecto mayor al que tendría cada uno por separado. 
A pesar de estas definiciones señaladas, aún existe mucha confusión respecto a qué es un libro álbum. Tal vez esta falta de límites posibilita que los autores puedan pensar en formatos innovadores e impensados, y de todas formas encontrarse dentro del campo literario. Por ejemplo, una de mis escritoras preferidas de literatura infantil es Suzy Lee, quien en muchos casos recurre únicamente a las imágenes, ¿podemos considerar esto libro álbum? 
Si quieren saber más sobre los libros álbum, les recomiendo este increíble texto elaborado por las Bibliotecas Escolares CRA. Es muy completo, y para escribir mi seminario fue salvador (y no lo digo porque hice mi práctica allá)

martes, 26 de marzo de 2013

(Break)

"La escritora e ilustradora Isol, con más de veinte libros ilustrados publicados, traducidos en varios países, y con varios premios y reconocimientos por su aportación al libro ilustrado, acaba de obtener el Memorial Astrid Lindgren con que el gobierno de Suecia distingue anualmente a un escritor, ilustrador o promotor de la lectura de cualquier país del mundo"

(en este blog somos fanáticos rabiosos de Isol, y no podemos estar más felices por ella)


domingo, 10 de marzo de 2013

Doble lector

Hace unas semanas, pedí Emigrantes (The Arrival) de Shaun Tan por The Book Depository. Además de pasar el dato para que pidan libros por ahí (no te cobran el envío), me pareció una buena excusa para hablar de un autor que cuestiona constantemente la idea de que la literatura infantil sea exclusivamente para niños. 
Emigrantes consiste en un libro álbum sin palabras, o una novela gráfica silenciosa. Las imágenes son las encargadas de narrar la historia, por medio de distintas secuencias. Las ilustraciones parecen viejas fotografías color sepia, hechas con lo que parece ser lápiz, dando una cualidad documental al relato. El lenguaje cinematográfico se inmiscuye en el libro álbum sin problemas, para mostrarnos las acciones más pequeñas de los personajes, y al mismo tiempo para usar planos más amplios y grandiosos. 

El argumento de Emigrantes trata sobre un hombre anónimo, quien debe abandonar su lugar de origen. No sabemos los motivos, pero acompañamos a este hombre en su viaje. Vemos los objetos seleccionados para llevar en su pequeña maleta. Lo seguimos de cerca en la despedida con su familia, y luego en su viaje en barco. Constantemente, Shaun Tan juega con las perspectivas, al acercarnos a la vida de este hombre y, de alguna forma extraña, imaginarnos sus pensamientos y sensaciones, para luego alejarse y revelarnos la misma suerte de otros hombres y mujeres.
La historia, estructurada en capítulos, narra el encuentro de un hombre con una ciudad desconocida. Desde el comienzo, la obra evita cualquier clasificación con un referente determinado. A medio camino entre lo real y lo surreal, observamos la extrañeza con la que este hombre se relaciona con los seres desconocidos que lo rodean, y cómo distintos elementos, tales como el lenguaje, el transporte y la comida, le son ajenos. Cuando leemos Emigrantes, es inevitable sentir una cercanía con el personaje. Tal como dice Shaun Tan: "Una de las razones fundamentales por las que decidí prescindir del texto fue destacar este principio: el protagonista no puede leer ni comprender nada, así que el lector tampoco debería poder. Además, hay una lógica interna en la que todos los detalles que pueden apreciarse a medida que la historia progresa (cómo funcionan las cosas, etc.) y la ausencia de narrativa escrita parecen invitar a una lectura visual más cercana y mucho más pausada".  


Shaun Tan es catalogado como autor de libros infantiles, particularmente, libros álbum (La cosa perdida, El árbol rojo, entre otros). En general, la teoría sobre literatura infantil señala que existe un doble lector implícito, ya que los textos de este sistema son dirigidos tanto a adultos como a niños. De hecho, en muchas ocasiones los autores dejan claves textuales que van dirigidas a los adultos, quienes deben ser los mediadores entre el niño y el libro (de inmediato pienso en los libros de Anthony Browne). La lectura en los niños y niñas no se ve afectada ante el desconocimiento de estas claves, pero ciertamente el reconocimiento de las mismas enriquece la lectura. De esta manera, los textos de la literatura infantil pertenecen formalmente al sistema de los niños, pero son leídos por un público lector de otro sistema: los adultos. 
En la estructura de los textos suelen convivir dos modelos, uno más establecido que el otro. El modelo de los adultos es más sofisticado, y está basado en la distorsión o la parodia de un modelo más establecido. El modelo de los niños es más superficial, y cumple con los requisitos formales, ante todo, para ser parte de la literatura infantil. Esta coexistencia de modelos es posible gracias a la flexibilidad y el alto nivel de impredecibilidad de este sistema. Lo anterior se hace más evidente cuando nos situamos en el libro álbum, producto de la ambigüedad del género. En este sentido, Shaun Taun ha criticado la delimitación comúnmente difundida de que los libros álbum pertenecen y conforman únicamente a la literatura infantil. De acuerdo a su perspectiva, esta es una forma literaria que abarca otros receptores, además del niño, que, en muchas ocasiones, son más relevantes en el proceso de lectura. De hecho, Tan dirá que el lector adulto es el destinatario privilegiado de estos textos, ya que él es quien logra desentrañar algunos significados ocultos (para más información, pídale a Roberto Cabrera su tesis).
Emigrantes, catalogada como literatura infantil, nos hace pensar en el lugar del libro álbum en el sistema literario. El lector se involucra en la vida de este personaje, y es capaz de empatizar con su profunda sensación de extrañeza. Las imágenes creadas por Shaun Tan conforman una verdadera obra de arte.  

lunes, 4 de marzo de 2013

Concurso "A la Orilla del Viento"

Muchos amamos los libros álbum. Nos encanta su falta de definición, lo híbrido que son, su ambigüedad, la unión que tiene con la literatura, el diseño y las artes visuales. Tengo que escribir sobre ellos eventualmente, lo sé. Sin embargo, hay que preguntarse cómo estos repertorios han logrado instalarse en la literatura infantil con tanta fuerza. Según distintos teóricos, la labor de las editoriales en esta tarea ha sido indiscutible. Ejemplo de esto, lo vemos en la editorial Fondo de Cultura Económica, gran impulsora de los álbumes ilustrados o libros álbum o picture books. Un personaje importante en este proceso es Daniel Goldin, ex editor del FCE, y actual director de Océano Travesía, la sección infantil y juvenil de Océano. Gracias a él, conocimos a Satoshi Kitamura o Anthony Browne. Hace unos meses atrás, Goldin estuvo participando del seminario "¿Qué leer? ¿Cómo leer'", y dio esta increíble entrevista para la Fundación la Fuente. Se la recomiendo a aquellos interesados en el fomento lector y la literatura infantil.   
El concurso "A la Orilla del Viento" de la FCE ha consolidado a múltiples autores latinoamericanos. Estudiar lo que sucede con este concurso es interesante, ya que la editorial busca un cierto tipo de obras que continúen renovando y empujando los límites de lo que conocemos por libro álbum. Lo anterior se hizo evidente el año 2011, cuando se declaró desierto el primer lugar del concurso. Ninguno de los textos recibidos se había adecuado a los criterios de creatividad y vanguardia que ellos solicitaban.


Uno de los tantos libros ganadores del primer lugar del concurso “A la Orilla del Viento”, fue Camino a casa (libro que a muchos aún nos saca lágrimas a pesar de haberlo leído como 7 veces) de Jairo Buitrago y Rafael Yockteng, el año 2007. En dicha instancia, el jurado del concurso estuve compuesto por autores reconocidos dentro del ámbito de la literatura infantil como Satoshi Kitamura, Gustavo Martín Garzo, Felicidad Orquín  y Anthony Browne. ¿Se imaginan cómo será ganar el primer lugar del concurso gracias a un jurado como ese?
Actualmente, hay muchas editoriales que están publicando libros álbum de gran calidad literaria, como Océano Travesía, Kalandraka, o Amanuta en nuestro país, entre otras. Sin embargo, con este post quería invitarlos a participar del concurso "A la orilla del Viento". Siempre ha sido mi sueño frustrado participar, pero mis ilustraciones son más bien tristes, y mi gran amiga y compañera de libros infantiles se encuentra en Canadá. Por lo mismo, ojalá puedan enviar algo, tal vez el primer lugar sea chileno, como con "Trapo y rata" de Magdalena Armstrong.

Las bases las encuentran acá.  

sábado, 2 de marzo de 2013

¿Libros "para" algo?

La literatura infantil solía tener una labor formativa importante. Por medio de los libros para niños, se pretendía enseñar determinadas maneras de comportarse en sociedad. Más de alguno se encontró y horrorizó con las historias originales de los hermanos Grimm. Si bien ellos buscaban que sus textos fueran leídos por adultos, de todos modos se hace explícita esta función que tenía la literatura, transmitiendo ciertos valores o castigando conductas "escandalosas". 
Si leemos a teóricos actuales de la literatura infantil, como Teresa Colomer y otros, todos señalan que los relatos del presente han desechado la idea de "formar" o "moralizar", y que la literatura ya no funcionaría como una manera de normar comportamientos. Ahora, la literatura infantil intenta plasmar el conflicto propio de la vida, sin señalar una única solución. Más que verdades, existen interpretaciones. Lo anterior lo podemos encontrar en obras como Camino a casa de Jairo Buitrago y Rafael Yockteng, o El globo de Isol (lamento volver siempre a este libro, pero es TAN bueno), entre tantos otros.
Sin embargo, creo que sería algo inocente decir que el libro infantil no es concebido por distintos sistemas como una herramienta útil "para" determinadas cosas. El principal lugar de la literatura infantil ha sido la escuela, y claramente, la función de la misma consiste en socializar y formar a sus estudiantes. Así, se han hecho recurrentes los comentarios sobre el desarrollo de funciones cognitivas al leer, o las habilidades sociales y afectivas que podemos tematizar con ciertos libros infantiles. Debo admitir que frente a esto tengo tejado de vidrio. He dicho lo mismo en múltiples ocasiones, y he creado actividades de fomento lector para discutir estos temas con los niños y niñas. No digo que esté mal, sólo que la dimensión estética de la literatura infantil es tan profunda, que al centrarnos en esta formación cognitiva o valórica, omitimos una parte significativa de por qué decimos que la literatura infantil es, justamente, literatura. 


Hay un tipo de textos, que prefiero decirles libros para niños, en que se discuten emociones como la tristeza, la preocupación, el miedo, entre otros. En general, las personas que los originan son psicólogos(as). Nuevamente, insisto, en esto tengo tejado de vidrio. Neva Milicic tiene una extensa colección en SM Ediciones, y Sigmar tiene libros como "Estoy preocupado" o "Estoy triste". El objetivo de estos libros es hablar con los niños y niños de sus respectivas emociones, y que aprendan maneras de abordarlas. Sirven mucho, porque presentan herramientas muy útiles para que los padres dialoguen con sus hijos. El motivo por el cual no considero que estos textos sean literatura, tiene que ver con que están pensados para los padres, más que para los niños. O tal vez, la forma en que los niños están concebidos por estos libros, es como si fueran pequeños adultos. Se potencia que los niños expresen sus rabias adecuadamente y con claridad. El tema, al fin, es que se vuelven libros que tienen un afán psicologizante (puede ser que esté inventando esta palabra), más que literario. Al decir esto, no pretendo la destrucción de los libros para niños con estas características, sólo plantear una distinción con lo que considero como literatura. Además que Neva Milicic puede estar en mi comisión cuando dé el examen de grado, y no es mi intención hacerla enojar.
Tal como dije en un comienzo, una de las razones de esta situación, es que la literatura infantil se ha convertido en un problema para muchas disciplinas. Al final, quienes mayormente se han hecho cargo de estos libros, han sido la educación, la psicología, y poco a poco el diseño o las artes, gracias a la aparición del libro álbum, que podremos hablar en otra oportunidad. ¿Y la literatura dónde? Nadie sabe. Asumamos que las Facultades de Letras (y los estudiantes, para qué decir) miran un poco a huevo a las personas que estudian literatura infantil. En mi caso, fuimos el primer seminario que se hizo en esta área. Cada vez que decíamos lo que estábamos estudiando, nos exclamaban con dulzura: ¡Qué lindo!. Y, claro, hay muchos libros lindos, pero la lindura no permite ver la complejidad de la literatura infantil actual y la necesidad de estudiarla desde su perspectiva estética y literaria.
La experiencia de leer es tan íntima y única, que sería una tontera reducirla a las funciones cognitivas que desarrollamos cuando leemos. Cuando leo un buen libro, y no lo quiero soltar, no estoy pensando en lo inteligente que me estoy volviendo. O en mi nueva manera de abordar los conflictos. O en el pensamiento crítico logrado al finalizar mi lectura. Al leer, puedo viajar, imaginarme otros mundos, y puede ser que aprenda mucho sobre la vida, pero no creo que ese sea su objetivo. La buena literatura no sirve para nada. 

viernes, 1 de marzo de 2013

Tener un patito es útil - Isol


Mi amor por la literatura infantil partió de forma accidental. Estaba en mi último semestre de Letras Hispánicas, y debía escoger un tema para mi seminario. En mi universidad tienen un sistema (algo extraño) en que una determinada cantidad de profesores presenta un tema de estudio específico y uno debe elegir. Debo admitir que no había ningún seminario que me entusiasmara, pero finalmente opté por uno sobre José Donoso (autor que amo). Tal vez si todo hubiese seguido la secuencia lógica, estaría escribiendo un blog sobre su obra. Pero resulta que, en general, me ocurren cosas que a cualquier persona medianamente organizada no le suceden. En este caso particular, tomé mal mis materias y los cupos para ese seminario se llenaron. Le lloré bastante a la secretaria de la Facultad, pero no hubo caso. 
Mis opciones restantes eran algo así como cine y literatura, que no sonaba nada de mal, pero sinceramente no sabía nada; y literatura infantil, que lo encontré tan amplio como decir "el universo". Sin embargo, algo que ustedes tal vez no sepan es que llevo siete años estudiando en la universidad. No es porque no me guste estudiar. Al contrario, me gusta demasiado. En exceso, dice mi madre. Tanto así, que opté por estudiar Letras Hispánicas al mismo tiempo que Psicología. Puede sonar medio raro, pero si estuvieran en mi lugar, habrían hecho lo mismo. La universidad acá cuesta una millonada, y si dentro de este negocio inmundo podía salir beneficiada con un 2x1, lo iba a hacer sin pensarlo mucho. 
El punto es que siempre he sido un poco caótica. Me gusta todo y nunca puedo tomar decisiones. Y así, literatura infantil parecía lo suficientemente amplio para hacer la mezcla que se me diera la gana, sobre el tema que se me diera la gana. Además, tuve un profesor increíble (ahora un gran amigo) que me dejó estudiar lo que se me cruzara por la cabeza. 
Así, un día me encontraba en la Biblioteca de Santiago, donde tienen una colección de literatura infantil INCREÍBLE, y me topé con un libro de Isol llamado El globo. Yo venía recién entendiendo los nuevos códigos de la literatura infantil, y al encontrarme con este libro, creí comprender el estado actual de este campo. Acto seguido, decidí estudiar para mi seminario la obra de Isol como una manera de abordar la creación actual de repertorios. 
De esta forma, me veo en la obligación de iniciar este blog escribiendo sobre Isol, una de mis autoras favoritas, y mi punto de partida en la literatura infantil. En este post les escribiré sobre Tener un patito es útil, obra con características muy particulares. El soporte de esta historia es sumamente innovador: el libro se abre como un acordeón, y posteriormente se guarda en una caja-estuche. A medida que la historia transcurre, uno debe ir desdoblando el libro, hasta lograr su completa extensión. Créanme, la longitud del libro es tal, que exige dos personas. 
Tal como dice el título, el relato trata sobre la relación de un niño con su patito de hule. En cada ilustración, el personaje irá contando las razones por las que tener un patito es útil (como usarlo de pipa y de silbato, como dice la foto). La sorpresa para el lector sucede cuando la historia del niño termina, y al otro lado nos encontramos con Tener un nene es útil. Las ilustraciones se mantienen iguales. Lo único modificado es el texto y el color de fondo: en la historia del niño era un fondo amarillo, y ahora es celeste. Comenzamos a leer, entonces, las distintas razones por las que tener un nene es útil. 
Más allá de lo adorable (porque sí, es extremadamente adorable), Tener un patito es útil permite cuestionar, incluso, la idea que tenemos sobre el libro. En este caso, el libro pasa a ser un objeto: existe en tanto es manipulado. Las artes visuales han tenido una gran influencia en la literatura infantil, y lo vemos en la importancia que tiene el soporte en el relato de la historia.  

Una parte de la formación literaria de los niños y niñas tiene que ver con asumir el carácter ficcional de los textos que leen, los cuales son construidos por medio de técnicas narrativas específicas. No obstante, hay textos que de forma deliberada intentan desvestir la ficción, de su apariencia de realidad, "mostrando cómo tal apariencia no es realidad, ni tan siquiera un reflejo de ésta, sino un artefacto, un objeto creado bajo ciertas convenciones compartidas por los textos y los lectores, las cuales crean la ilusión de realidad” (Silva-Díaz 57). A estas manifestaciones las conocemos como metaficcionales, es decir, ficciones que tratan sobre la ficción. Considero que Tener un patito es útil es un buen ejemplo de este tipo de obras, en que se observan múltiples perspectivas o voces dentro de una misma historia. Algo así como Voces en el parque de Anthony Browne, pero con un mecanismo diferente. La metaficción se hace evidente en nuestra sorpresa como lectores, cuando vemos la otra historia que nos presenta Isol con los mismos personajes. Al leer Tener un patito es útil percibimos las costuras del relato. De pronto, más que lectores, nos involucramos y comenzamos a jugar con esta adorable obra creada por Isol.