viernes, 3 de mayo de 2013

Érase una vez un espacio - Marta Carrasco


El año pasado hice mi práctica de Psicología Educacional en el CRA (Centro de Recursos para el aprendizaje) del Ministerio de Educación. Aprendí mucho sobe fomento lector, y al mismo tiempo, conocí libros que de otra manera no habría leído. La oficina del CRA tiene una biblioteca increíble, y en ciertos momentos del día me escapaba algunos minutos para ver las novedades en literatura infantil juvenil que llegaban (Un saludo para Fernando, el bibliotecario del CRA). Dentro de los libros que leí, se encuentra uno de Marta Carrasco para Editorial Amanuta (tengo que escribir un post sobre esta editorial eventualmente) llamado "Érase una vez un espacio". En general la autora suele escribir sobre el encuentro de sujetos que provienen de lugares distintos y, aparentemente, irreconciliables. Este es el caso de "La otra orilla" (Ediciones Ekaré Sur): los habitantes de dos poblados no se hablan y entre ellos los divide un río. Sin embargo, una niña se encuentra con un niño del otro poblado, y comienzan a hablar. Los discursos que habían escuchado de sus familiares, de pronto, pierden sentido y se hacen amigos. 


Algo similar sucede con "Érase una vez un espacio". De partida, el título siempre me ha intrigado, pero esto es algo que podemos discutir después. Haciendo uso del formato del libro, la autora asigna un lugar determinado (la hoja izquierda) para el hombre azul, y la derecha para el hombre de amarillo. Así, ambos personajes deciden marcar su territorio, y se observan desde la lejanía con desconfianza. Incapaz de mantener su cuadrado, el Señor Azul busca invadir el territorio del Señor Amarillo y ahí empieza una larga discusión. El Señor Azul empuja sus límites. El Señor Azul, luego, se sienta sobre el Señor Amarillo, quedando reducido a un rincón de las páginas, hasta que finalmente cae al vacío. Ambos señores quedan adoloridos, y comienzan a reparar las dañadas líneas que demarcaban sus respectivos territorios. La familia del Señor Amarillo se enfrenta a la familia del Señor Azul. Pero en medio de la discusión de los adultos, los niños se juntan al centro, traspasando las líneas y comienzan a jugar. Al mezclarse, se tornan color verde, y después rojo. Los adultos, intrigados, se suman al globo de colores, y de pronto las divisiones previas dejan de existir. Al final del libro hay una invitación: "Aquí hay un espacio. ¿A quién piensas invitar tú, para que juntos lo compartan y lo lleven, cada uno con sus colores?"


No quiero decir que este libro fomenta la diversidad o el respeto por el otro. Más que eso, me interesa cómo se traduce un problema clásico de cualquier disciplina que se encuentre dentro de las humanidades, respecto a cómo conocemos y nos aproximamos al otro, desde una perspectiva de la literatura infantil. Pueden decir que la intención de la autora es esperanzadora, o quizás demasiado inocente, porque nuestra historia está plagada de conflictos entre unos y otros. Pero creo firmemente en esa confianza casi ciega que Marta Carrasco tenía sobre los niños y niñas. Los adultos son quienes tienen discusiones, prejuicios y creencias respecto al actuar del otro desconocido, los niños no. En este sentido, me parece valioso recomendar este tipo de literatura para niños y adultos (tal como es el espíritu de este blog), que nos incita a ver cómo habitamos los distintos espacios. Puede ser que la metáfora de las divisiones sea algo evidente, o la idea de la combinación de los colores la veamos en múltiples libros, pero la manera en que los recursos literarios y pictóricos son usados en la historia hacen la diferencia.

sábado, 13 de abril de 2013

Sobre el libro álbum

Al fin puedo sentarme y escribir el post sobre libro álbum o picture books que quería escribir hace semanas. Me prometí a mi misma que no iba a sacar la vuelta de este blog (que hice cuando estaba sacando la vuelta), y la verdad mi falta de neuronas se debe a que en un mes (o menos, esto de no tener fecha es demasiada incertidumbre) doy mi examen de título. Como sea, si estamos hablando sobre literatura infantil, no podemos dejar de lado a nuestro querido libro álbum. Uno de los grandes protagonistas actualmente en el campo literario. 
Es interesante discutir sobre el libro álbum, porque su falta de estructura es tal, que nadie sabe muy bien a qué nos referimos cuando hablamos de libro álbum. Lo único que tenemos claro, es que es una manifestación propia de la postmodernidad, con una “tendencia camaleónica” (Silva-Díaz 36) producto de la heterogeneidad formal y de usos. La definición respecto al libro álbum y sus límites, además de sus modos de producción, los recursos y estilos que lo constituyen, aún son ámbitos difusos, producto del constante dinamismo e innovación del contenido y la forma de sus manifestaciones. De acuerdo a Silva-Díaz, “el álbum ha incorporado y combinado diferentes géneros literarios” (37), pues su condición “omnívora” lo ha llevado a asimilar aspectos temáticos y narrativos de una multiplicidad de géneros discursivos. 

Cuando hablamos de la relación entre texto e imagen, cada sistema semiótico puede cumplir diversas funciones. Rosero apunta a cinco formas de caracterizar esta relación: el vasallaje, la clarificación, la simbiosis, la ficción y la taxonomía. En el caso del libro álbum, nos referimos específicamente a una simbiosis, “donde la imagen y el texto adquieren un nivel de significación que se activa con la relación de ambos lenguajes” (Rosero 1). Tanto el texto como la imagen son complementarios y brindan información relevante para construir un sentido en la obra. Cuando extraemos alguno de los dos elementos, la narración se derrumba. “La imagen juega el papel de ser también la narración, así el texto escrito complementa lo que la imagen no presenta o viceversa, y la relación se convierte en un contrapunteo de lenguaje” (Rosero 8). 
En lo que respecto a los aspectos formales, el libro álbum se caracteriza por darle mucha importancia al soporte de la obra, que añade significado adicional al relato. La ilustración ocupa casi la totalidad de la hoja, y los textos son simplificados al máximo, y reducidos a un par de frases por hojas, para condensar al máximo su significado. Tal como plantea Colomer: “Las obras de la literatura infantil y juvenil deben ser valoradas como un conjunto en el que el texto puede actuar en complicidad con la ilustración y los elementos materiales que configuran el texto” (Introducción 173). 
La imagen es central en el libro álbum, no obstante, aún no hay claridad respecto a la manera en que el lector aborda las imágenes en este tipo de manifestaciones. Se puede decir que poseen un mensaje, y lo transmiten, pero es necesario que un receptor sepa interpretarlo para entender a cabalidad su uso y la función específica que cumple la imagen en un contexto determinado. Ciertamente, la imagen no debe homologarse al sistema de las palabras, pero sí debe ser entendida como un sistema semiótico que tiene la finalidad de comunicar, y transmitir múltiples interpretaciones. 
Un aspecto del cual se nutren los autores tiene que ver con que rara vez una imagen es absolutamente nueva, porque en general detrás de ella confluyen muchas imágenes que han servido de referencia. El autor es capaz de dialogar con ellas, o cuestionarlas, imitarlas, parodiarlas, entre otras posibilidades. “Una importante herramienta de lectura de la imagen tiene que ver con reconocer el universo iconográfico con el cual la imagen leída se relaciona o se opone, y de qué manera responde o reacciona a patrones visuales anteriores” (CRA 22). En este sentido, cuando se habla de doble codificación, es importante comprender la relación sinérgica que se establece entre el texto y la imagen, donde ambos agentes combinados tienen un efecto mayor al que tendría cada uno por separado. 
A pesar de estas definiciones señaladas, aún existe mucha confusión respecto a qué es un libro álbum. Tal vez esta falta de límites posibilita que los autores puedan pensar en formatos innovadores e impensados, y de todas formas encontrarse dentro del campo literario. Por ejemplo, una de mis escritoras preferidas de literatura infantil es Suzy Lee, quien en muchos casos recurre únicamente a las imágenes, ¿podemos considerar esto libro álbum? 
Si quieren saber más sobre los libros álbum, les recomiendo este increíble texto elaborado por las Bibliotecas Escolares CRA. Es muy completo, y para escribir mi seminario fue salvador (y no lo digo porque hice mi práctica allá)

martes, 26 de marzo de 2013

(Break)

"La escritora e ilustradora Isol, con más de veinte libros ilustrados publicados, traducidos en varios países, y con varios premios y reconocimientos por su aportación al libro ilustrado, acaba de obtener el Memorial Astrid Lindgren con que el gobierno de Suecia distingue anualmente a un escritor, ilustrador o promotor de la lectura de cualquier país del mundo"

(en este blog somos fanáticos rabiosos de Isol, y no podemos estar más felices por ella)


domingo, 10 de marzo de 2013

Doble lector

Hace unas semanas, pedí Emigrantes (The Arrival) de Shaun Tan por The Book Depository. Además de pasar el dato para que pidan libros por ahí (no te cobran el envío), me pareció una buena excusa para hablar de un autor que cuestiona constantemente la idea de que la literatura infantil sea exclusivamente para niños. 
Emigrantes consiste en un libro álbum sin palabras, o una novela gráfica silenciosa. Las imágenes son las encargadas de narrar la historia, por medio de distintas secuencias. Las ilustraciones parecen viejas fotografías color sepia, hechas con lo que parece ser lápiz, dando una cualidad documental al relato. El lenguaje cinematográfico se inmiscuye en el libro álbum sin problemas, para mostrarnos las acciones más pequeñas de los personajes, y al mismo tiempo para usar planos más amplios y grandiosos. 

El argumento de Emigrantes trata sobre un hombre anónimo, quien debe abandonar su lugar de origen. No sabemos los motivos, pero acompañamos a este hombre en su viaje. Vemos los objetos seleccionados para llevar en su pequeña maleta. Lo seguimos de cerca en la despedida con su familia, y luego en su viaje en barco. Constantemente, Shaun Tan juega con las perspectivas, al acercarnos a la vida de este hombre y, de alguna forma extraña, imaginarnos sus pensamientos y sensaciones, para luego alejarse y revelarnos la misma suerte de otros hombres y mujeres.
La historia, estructurada en capítulos, narra el encuentro de un hombre con una ciudad desconocida. Desde el comienzo, la obra evita cualquier clasificación con un referente determinado. A medio camino entre lo real y lo surreal, observamos la extrañeza con la que este hombre se relaciona con los seres desconocidos que lo rodean, y cómo distintos elementos, tales como el lenguaje, el transporte y la comida, le son ajenos. Cuando leemos Emigrantes, es inevitable sentir una cercanía con el personaje. Tal como dice Shaun Tan: "Una de las razones fundamentales por las que decidí prescindir del texto fue destacar este principio: el protagonista no puede leer ni comprender nada, así que el lector tampoco debería poder. Además, hay una lógica interna en la que todos los detalles que pueden apreciarse a medida que la historia progresa (cómo funcionan las cosas, etc.) y la ausencia de narrativa escrita parecen invitar a una lectura visual más cercana y mucho más pausada".  


Shaun Tan es catalogado como autor de libros infantiles, particularmente, libros álbum (La cosa perdida, El árbol rojo, entre otros). En general, la teoría sobre literatura infantil señala que existe un doble lector implícito, ya que los textos de este sistema son dirigidos tanto a adultos como a niños. De hecho, en muchas ocasiones los autores dejan claves textuales que van dirigidas a los adultos, quienes deben ser los mediadores entre el niño y el libro (de inmediato pienso en los libros de Anthony Browne). La lectura en los niños y niñas no se ve afectada ante el desconocimiento de estas claves, pero ciertamente el reconocimiento de las mismas enriquece la lectura. De esta manera, los textos de la literatura infantil pertenecen formalmente al sistema de los niños, pero son leídos por un público lector de otro sistema: los adultos. 
En la estructura de los textos suelen convivir dos modelos, uno más establecido que el otro. El modelo de los adultos es más sofisticado, y está basado en la distorsión o la parodia de un modelo más establecido. El modelo de los niños es más superficial, y cumple con los requisitos formales, ante todo, para ser parte de la literatura infantil. Esta coexistencia de modelos es posible gracias a la flexibilidad y el alto nivel de impredecibilidad de este sistema. Lo anterior se hace más evidente cuando nos situamos en el libro álbum, producto de la ambigüedad del género. En este sentido, Shaun Taun ha criticado la delimitación comúnmente difundida de que los libros álbum pertenecen y conforman únicamente a la literatura infantil. De acuerdo a su perspectiva, esta es una forma literaria que abarca otros receptores, además del niño, que, en muchas ocasiones, son más relevantes en el proceso de lectura. De hecho, Tan dirá que el lector adulto es el destinatario privilegiado de estos textos, ya que él es quien logra desentrañar algunos significados ocultos (para más información, pídale a Roberto Cabrera su tesis).
Emigrantes, catalogada como literatura infantil, nos hace pensar en el lugar del libro álbum en el sistema literario. El lector se involucra en la vida de este personaje, y es capaz de empatizar con su profunda sensación de extrañeza. Las imágenes creadas por Shaun Tan conforman una verdadera obra de arte.  

lunes, 4 de marzo de 2013

Concurso "A la Orilla del Viento"

Muchos amamos los libros álbum. Nos encanta su falta de definición, lo híbrido que son, su ambigüedad, la unión que tiene con la literatura, el diseño y las artes visuales. Tengo que escribir sobre ellos eventualmente, lo sé. Sin embargo, hay que preguntarse cómo estos repertorios han logrado instalarse en la literatura infantil con tanta fuerza. Según distintos teóricos, la labor de las editoriales en esta tarea ha sido indiscutible. Ejemplo de esto, lo vemos en la editorial Fondo de Cultura Económica, gran impulsora de los álbumes ilustrados o libros álbum o picture books. Un personaje importante en este proceso es Daniel Goldin, ex editor del FCE, y actual director de Océano Travesía, la sección infantil y juvenil de Océano. Gracias a él, conocimos a Satoshi Kitamura o Anthony Browne. Hace unos meses atrás, Goldin estuvo participando del seminario "¿Qué leer? ¿Cómo leer'", y dio esta increíble entrevista para la Fundación la Fuente. Se la recomiendo a aquellos interesados en el fomento lector y la literatura infantil.   
El concurso "A la Orilla del Viento" de la FCE ha consolidado a múltiples autores latinoamericanos. Estudiar lo que sucede con este concurso es interesante, ya que la editorial busca un cierto tipo de obras que continúen renovando y empujando los límites de lo que conocemos por libro álbum. Lo anterior se hizo evidente el año 2011, cuando se declaró desierto el primer lugar del concurso. Ninguno de los textos recibidos se había adecuado a los criterios de creatividad y vanguardia que ellos solicitaban.


Uno de los tantos libros ganadores del primer lugar del concurso “A la Orilla del Viento”, fue Camino a casa (libro que a muchos aún nos saca lágrimas a pesar de haberlo leído como 7 veces) de Jairo Buitrago y Rafael Yockteng, el año 2007. En dicha instancia, el jurado del concurso estuve compuesto por autores reconocidos dentro del ámbito de la literatura infantil como Satoshi Kitamura, Gustavo Martín Garzo, Felicidad Orquín  y Anthony Browne. ¿Se imaginan cómo será ganar el primer lugar del concurso gracias a un jurado como ese?
Actualmente, hay muchas editoriales que están publicando libros álbum de gran calidad literaria, como Océano Travesía, Kalandraka, o Amanuta en nuestro país, entre otras. Sin embargo, con este post quería invitarlos a participar del concurso "A la orilla del Viento". Siempre ha sido mi sueño frustrado participar, pero mis ilustraciones son más bien tristes, y mi gran amiga y compañera de libros infantiles se encuentra en Canadá. Por lo mismo, ojalá puedan enviar algo, tal vez el primer lugar sea chileno, como con "Trapo y rata" de Magdalena Armstrong.

Las bases las encuentran acá.  

sábado, 2 de marzo de 2013

¿Libros "para" algo?

La literatura infantil solía tener una labor formativa importante. Por medio de los libros para niños, se pretendía enseñar determinadas maneras de comportarse en sociedad. Más de alguno se encontró y horrorizó con las historias originales de los hermanos Grimm. Si bien ellos buscaban que sus textos fueran leídos por adultos, de todos modos se hace explícita esta función que tenía la literatura, transmitiendo ciertos valores o castigando conductas "escandalosas". 
Si leemos a teóricos actuales de la literatura infantil, como Teresa Colomer y otros, todos señalan que los relatos del presente han desechado la idea de "formar" o "moralizar", y que la literatura ya no funcionaría como una manera de normar comportamientos. Ahora, la literatura infantil intenta plasmar el conflicto propio de la vida, sin señalar una única solución. Más que verdades, existen interpretaciones. Lo anterior lo podemos encontrar en obras como Camino a casa de Jairo Buitrago y Rafael Yockteng, o El globo de Isol (lamento volver siempre a este libro, pero es TAN bueno), entre tantos otros.
Sin embargo, creo que sería algo inocente decir que el libro infantil no es concebido por distintos sistemas como una herramienta útil "para" determinadas cosas. El principal lugar de la literatura infantil ha sido la escuela, y claramente, la función de la misma consiste en socializar y formar a sus estudiantes. Así, se han hecho recurrentes los comentarios sobre el desarrollo de funciones cognitivas al leer, o las habilidades sociales y afectivas que podemos tematizar con ciertos libros infantiles. Debo admitir que frente a esto tengo tejado de vidrio. He dicho lo mismo en múltiples ocasiones, y he creado actividades de fomento lector para discutir estos temas con los niños y niñas. No digo que esté mal, sólo que la dimensión estética de la literatura infantil es tan profunda, que al centrarnos en esta formación cognitiva o valórica, omitimos una parte significativa de por qué decimos que la literatura infantil es, justamente, literatura. 


Hay un tipo de textos, que prefiero decirles libros para niños, en que se discuten emociones como la tristeza, la preocupación, el miedo, entre otros. En general, las personas que los originan son psicólogos(as). Nuevamente, insisto, en esto tengo tejado de vidrio. Neva Milicic tiene una extensa colección en SM Ediciones, y Sigmar tiene libros como "Estoy preocupado" o "Estoy triste". El objetivo de estos libros es hablar con los niños y niños de sus respectivas emociones, y que aprendan maneras de abordarlas. Sirven mucho, porque presentan herramientas muy útiles para que los padres dialoguen con sus hijos. El motivo por el cual no considero que estos textos sean literatura, tiene que ver con que están pensados para los padres, más que para los niños. O tal vez, la forma en que los niños están concebidos por estos libros, es como si fueran pequeños adultos. Se potencia que los niños expresen sus rabias adecuadamente y con claridad. El tema, al fin, es que se vuelven libros que tienen un afán psicologizante (puede ser que esté inventando esta palabra), más que literario. Al decir esto, no pretendo la destrucción de los libros para niños con estas características, sólo plantear una distinción con lo que considero como literatura. Además que Neva Milicic puede estar en mi comisión cuando dé el examen de grado, y no es mi intención hacerla enojar.
Tal como dije en un comienzo, una de las razones de esta situación, es que la literatura infantil se ha convertido en un problema para muchas disciplinas. Al final, quienes mayormente se han hecho cargo de estos libros, han sido la educación, la psicología, y poco a poco el diseño o las artes, gracias a la aparición del libro álbum, que podremos hablar en otra oportunidad. ¿Y la literatura dónde? Nadie sabe. Asumamos que las Facultades de Letras (y los estudiantes, para qué decir) miran un poco a huevo a las personas que estudian literatura infantil. En mi caso, fuimos el primer seminario que se hizo en esta área. Cada vez que decíamos lo que estábamos estudiando, nos exclamaban con dulzura: ¡Qué lindo!. Y, claro, hay muchos libros lindos, pero la lindura no permite ver la complejidad de la literatura infantil actual y la necesidad de estudiarla desde su perspectiva estética y literaria.
La experiencia de leer es tan íntima y única, que sería una tontera reducirla a las funciones cognitivas que desarrollamos cuando leemos. Cuando leo un buen libro, y no lo quiero soltar, no estoy pensando en lo inteligente que me estoy volviendo. O en mi nueva manera de abordar los conflictos. O en el pensamiento crítico logrado al finalizar mi lectura. Al leer, puedo viajar, imaginarme otros mundos, y puede ser que aprenda mucho sobre la vida, pero no creo que ese sea su objetivo. La buena literatura no sirve para nada. 

viernes, 1 de marzo de 2013

Tener un patito es útil - Isol


Mi amor por la literatura infantil partió de forma accidental. Estaba en mi último semestre de Letras Hispánicas, y debía escoger un tema para mi seminario. En mi universidad tienen un sistema (algo extraño) en que una determinada cantidad de profesores presenta un tema de estudio específico y uno debe elegir. Debo admitir que no había ningún seminario que me entusiasmara, pero finalmente opté por uno sobre José Donoso (autor que amo). Tal vez si todo hubiese seguido la secuencia lógica, estaría escribiendo un blog sobre su obra. Pero resulta que, en general, me ocurren cosas que a cualquier persona medianamente organizada no le suceden. En este caso particular, tomé mal mis materias y los cupos para ese seminario se llenaron. Le lloré bastante a la secretaria de la Facultad, pero no hubo caso. 
Mis opciones restantes eran algo así como cine y literatura, que no sonaba nada de mal, pero sinceramente no sabía nada; y literatura infantil, que lo encontré tan amplio como decir "el universo". Sin embargo, algo que ustedes tal vez no sepan es que llevo siete años estudiando en la universidad. No es porque no me guste estudiar. Al contrario, me gusta demasiado. En exceso, dice mi madre. Tanto así, que opté por estudiar Letras Hispánicas al mismo tiempo que Psicología. Puede sonar medio raro, pero si estuvieran en mi lugar, habrían hecho lo mismo. La universidad acá cuesta una millonada, y si dentro de este negocio inmundo podía salir beneficiada con un 2x1, lo iba a hacer sin pensarlo mucho. 
El punto es que siempre he sido un poco caótica. Me gusta todo y nunca puedo tomar decisiones. Y así, literatura infantil parecía lo suficientemente amplio para hacer la mezcla que se me diera la gana, sobre el tema que se me diera la gana. Además, tuve un profesor increíble (ahora un gran amigo) que me dejó estudiar lo que se me cruzara por la cabeza. 
Así, un día me encontraba en la Biblioteca de Santiago, donde tienen una colección de literatura infantil INCREÍBLE, y me topé con un libro de Isol llamado El globo. Yo venía recién entendiendo los nuevos códigos de la literatura infantil, y al encontrarme con este libro, creí comprender el estado actual de este campo. Acto seguido, decidí estudiar para mi seminario la obra de Isol como una manera de abordar la creación actual de repertorios. 
De esta forma, me veo en la obligación de iniciar este blog escribiendo sobre Isol, una de mis autoras favoritas, y mi punto de partida en la literatura infantil. En este post les escribiré sobre Tener un patito es útil, obra con características muy particulares. El soporte de esta historia es sumamente innovador: el libro se abre como un acordeón, y posteriormente se guarda en una caja-estuche. A medida que la historia transcurre, uno debe ir desdoblando el libro, hasta lograr su completa extensión. Créanme, la longitud del libro es tal, que exige dos personas. 
Tal como dice el título, el relato trata sobre la relación de un niño con su patito de hule. En cada ilustración, el personaje irá contando las razones por las que tener un patito es útil (como usarlo de pipa y de silbato, como dice la foto). La sorpresa para el lector sucede cuando la historia del niño termina, y al otro lado nos encontramos con Tener un nene es útil. Las ilustraciones se mantienen iguales. Lo único modificado es el texto y el color de fondo: en la historia del niño era un fondo amarillo, y ahora es celeste. Comenzamos a leer, entonces, las distintas razones por las que tener un nene es útil. 
Más allá de lo adorable (porque sí, es extremadamente adorable), Tener un patito es útil permite cuestionar, incluso, la idea que tenemos sobre el libro. En este caso, el libro pasa a ser un objeto: existe en tanto es manipulado. Las artes visuales han tenido una gran influencia en la literatura infantil, y lo vemos en la importancia que tiene el soporte en el relato de la historia.  

Una parte de la formación literaria de los niños y niñas tiene que ver con asumir el carácter ficcional de los textos que leen, los cuales son construidos por medio de técnicas narrativas específicas. No obstante, hay textos que de forma deliberada intentan desvestir la ficción, de su apariencia de realidad, "mostrando cómo tal apariencia no es realidad, ni tan siquiera un reflejo de ésta, sino un artefacto, un objeto creado bajo ciertas convenciones compartidas por los textos y los lectores, las cuales crean la ilusión de realidad” (Silva-Díaz 57). A estas manifestaciones las conocemos como metaficcionales, es decir, ficciones que tratan sobre la ficción. Considero que Tener un patito es útil es un buen ejemplo de este tipo de obras, en que se observan múltiples perspectivas o voces dentro de una misma historia. Algo así como Voces en el parque de Anthony Browne, pero con un mecanismo diferente. La metaficción se hace evidente en nuestra sorpresa como lectores, cuando vemos la otra historia que nos presenta Isol con los mismos personajes. Al leer Tener un patito es útil percibimos las costuras del relato. De pronto, más que lectores, nos involucramos y comenzamos a jugar con esta adorable obra creada por Isol.